
Fragmentos del libro “Jugarse la Piel”, de Nassim Nicholas Taleb.
El Intervencionismo
De esta primera estampa debemos recordar que, al igual que Anteo, no podemos separar el conocimiento de su contacto con el suelo. De hecho, no podemos separar nada del contacto con el suelo. Y el contacto con el mundo real tiene lugar cuando uno se juega la piel, esto es, exponiéndose al mundo y pagando un precio por las consecuencias de nuestros actos, sean buenos o malos. Las rozaduras en la piel guían tu aprendizaje y tu descubrimiento; se trata de un mecanismo de señalización orgánica que los griegos llamaban pathemata mathemata (guía tu aprendizaje sobre la base de tu dolor).
Su primer error es que son incapaces de pensar en un segundo paso porque no son conscientes de lo necesaria que es esta forma de proceder, cuando cualquier campesino de Mongolia, cualquier camarero de Madrid y prácticamente cualquier vendedor de automóviles de San Francisco sabe que en la vida real hay que dar siempre un segundo paso, y un tercero y un cuarto y un enésimo paso. El segundo error es que son incapaces de distinguir entre los problemas multidimensionales y su representación unidimensional, de un modo análogo a lo que sucede con las múltiples dimensiones de la salud y su simple reducción al control de colesterol. No pueden comprender que, desde el punto de vista empírico, los sistemas complejos carecen de mecanismos unidimensionales de causa y efecto que sean obvios, y que en condiciones de opacidad no conviene intervenir en tales sistemas. Es más, abundando en este mismo error, llegan a comparar las acciones del dictador con las del primer ministro noruego o sueco, en lugar de compararlas con la alternativa local. El tercer error de los intervencionistas es que no son capaces de prever la evolución de aquellos a los que ayudan mediante el ataque, o la exagerada respuesta que pueden obtener.
El principio que regula la intervención es el mismo que el de los médicos: ante todo no hacer daño; más aún, como luego argumentaremos, quienes no asumen riesgos no deberían tomar decisiones. Y además:
Siempre hemos estado locos, pero no teníamos la capacidad de destruir el mundo. Ahora sí la tenemos.
Hay quien cree que no tener guerreros en la clase dirigente es señal de civilización y de progreso. Pero no es así. Por otra parte:
La burocracia es una estructura mediante la cual una persona es convenientemente separada de las consecuencias de sus actos.
¿Y qué podemos hacer si un sistema centralizado necesita personas que no estén directamente expuestas al coste de sus errores? Bien, pues entonces no tenemos más opción que la descentralización o, dicho más cortesmente, la localización; esto es, limitar el número de individuos inmunes y con capacidad decisoria.
La descentralización se basa en la simple idea de que es más fácil hacer macromierda que micromierda.
La descentralización reduce las grandes asimetrías estructurales.
Volviendo a nuestros intervcencionistas, hemos visto que la gente no aprende mucho de sus errores ni tampoco de los ajenos; más bien es el sistema el que aprende seleccionando a quienes están menos predispuestos a cierto tipo de errores y eliminando a los demás.
El sistema aprende eliminando algunas de sus partes, por via negativa.
Una Breve Panorámica de la Simetría
La simetría del jugarse la piel se ha considerado implícitamente como la regla principal de toda sociedad organizada, incluso de cualquier forma de vida colectiva en la que una persona se reúna o trate con otras más de una vez. La regla debió de existir antes de los propios humanos, ya que prevalece bajo formas muy sofisticadas en el reino animal. La propia idea de ley, sea divina o de otro tipo, trata precisamente de solucionar los desequilibrios y de remediar estas asimetrías.
El mandamiento más conocido de Hammurabi reza así: si un constructor erige una casa y la casa se derrumba y mata al propietario, el constructor será condenado a muerte.
Como ocurre en las operaciones financieras, el mejor lugar para ocultar los riesgos está en las esquinas, enterrando la vulnerabilidad a acontecimientos poco habituales que solo el arquitecto (o el operador) puede detectar: se trata de estar muy lejos, en el tiempo y en el espacio, cuando suceda el derrumbe. Como me dijo un viejo y rudo banquero alcohólico el día de mi graduación: Yo sólo concedo préstamos a largo placeo. Cuando (los prestatarios) maduran prefiero estar lejos. Para que solo puedan encontrarme a larga distancia.
Puede que mentalmente no sepas adónde vas, pero lo sabes por medio de la acción.
Quienes hablan deberían actuar y quienes solo quieren actuar deberían hablar.
Como hemos visto, un sistema burocratizado aumentará su complejidad a medida que intervengan individuos que venden soluciones complejas, porque eso es lo que su posición y educación les incita a hacer.
Las cosas diseñadas por personas que no se juegan la piel tienden a ser más complicadas (antes de su colapso final).
Las personas que no se juegan la piel no entienden la sencillez.