2024 [ES] – El Sutil Arte de Que (Casi Todo) te Importe una Mierda – Mark Manson

Fragmentos del libro El Sutil Arte de Que (Casi Todo) te Importe una Mierda, del autor Mark Manson.

No lo Intentes

Resulta extraño, entonces, que en la tumba de Bukowski su epitafio consigne: “No lo intentes”. A pesar de las ventar de sus libros y su fama, Charles era un perdedor. Él lo sabía. Su éxito no derivaba de su determinación de ser un ganador, sino del hecho de que él sabía que era un perdedor. Lo aceptó y entonces escribió con honestidad sobre ello, nunca trató de ser algo más de lo que era. La genialidad de su trabajo no radicaba en haver superado todo contra viento y marea ni de convertirse enn un brillante literato, fue lo contrario. Fue su simple habilidad de ser completa y cruelmente honesto consigo mismo – en especial, respecto a sus peores facetas – y de compartir sus fracasos sin temor o duda.

George Orwell dijo que ver lo que tienes delante de tus narices requiere un esfuerzo constante. Bien, pues la solución a nuestro estrés y nuestra ansiedad se halla justo ahí enfrente de nuestras narices.

El deseo de una experiencia más positiva es, en sí misma, una experiencia negativa. Y, paradójicamente, la aceptación de la experiencia negativa es, en sí misma, una experiencia positiva.

Asimismo, al entrar en los treinta y los cuarenta, algo más empieza a cambiar. Nuestro nivel de energía decae. Nuestra identidad se consolida. Sabemos quiénes somos y nos aceptamos, incluyendo las partes que no nos encantan. Y de una forma extraña esto es liberador. Ya no necesitamos que todo nos importe. La vida es lo que es; la aceptamos, con todo y verrugas. Nos damos cuenta de que jamás curaremos el cáncer ni pisaremos la Luna, ni tocaremos los pechos de Jennifer Aniston. Y está bien, la vida sigue. Ahora reservamos nuestra capacidad de darle importancia a lo que en verdad merece ese valor: nuestras familias, nuestros amigos, nuestro jugador estrella favorito. Para nuestro asombro, esto es suficiente.

La Felicidad es un Problema

La solución de un problema es simplemente la creación del siguiente. No esperes una vida sin problemas. No existe tal cosa. En vez de esto, espera una existencia llena de buenos problemas.

Luego están aquellos que se sobreidentifican con sus emociones. Todo está justificado solo porque lo sintieron. “Uy, rompí tu parabrisas, pero estaba realmente enfadado, no lo pude evitar”, o “Dejé la escuela y me mudé a Alaska porque sentí que era lo correcto”. La toma de decisiones basada en la intuición emocional, sin la ayuda de la razón para mantenerla a raya, generalmente es un asco. ¿Sabes quiénes basan sus vidas enteras en las emociones? Los niños de tres años. Y los perros. ¿Sabes también qué hacen los niños de tres años y los perros? Se hacen popó en la alfomrba.

La obsesión y el sobreinverir en la emoción nos fallan por la simple razón de que nuestras emociones nunca duran. Lo que sea que nos hace felices hoy, no nos hará felices mañana, porque nuestra biología siempre necesita algo más. Una fijación en la felicidad deriva de una manera inevitable en una búsqueda de “algo más”: una casa nueva, una nueva relación, otro hijo, un aumento de sueldo. Y a pesar de nuestro sudor y esfuerzo, terminamos sintiéndonos extrañamente igual a como empezamos: insuficientes.

La gente desea tener un cuerpo impresionante, pero no logras uno a menos que legítimamente aprecies el dolor y el estrés físico que conlleva vivir dentro de un gimnasio hora tras hora; a menos que ames calcular y calibrar la comida que comes, planeando tu vida en minúsculas proporciones. (…)
Lo que determina tu éxito no es qué quieres disfrutar. La pregunta relevante es qué dolor quieres mantener. El camino a la felicidad está lleno de montones de suciedad y humillación. Debes escoger algo. No puedes tener una vida libre de dolor. El placer es una pregunta fácil y casi todos tenemos una respuesta similar. La cuestión más interesante es el dolor. ¿Cuál es el dolor que quieres mantener? Esa es la pregunta difícil, la que importa, la pregunta que de verdad te llevará a algo. Es la pregunta que puede cambiar una perspectiva, una vida. Es lo que a mí me hace yo y a ti, tú. Es la que nos define y nos separa, y en última instancia, la que nos une.

Quería la recompensa, pero no el esfuerzo. Quería el resultado, pero no el proceso. Estaba enamorado, pero no con la lucha, sino con la victoria. Y la vida no funciona así. Lo que eres se define por lo que estás dispuesto a luchar. La gente que disfruta del estrés y las incertidumbres del estilo de vida del muerto de hambre de los artistas es, a fin de cuentas, quien lo vive y lo consigue. Esto no se trate de voluntad o coraje. Esto no es otro eslogan de “Sin dolor no hay victoria”. Esto es el más simple y básico componente de la vida: nuestras luchas determinan nuestros éxitos. Nuestros problemas dan vida a nuestra felicidad, junto con problemas ligeramente mejores.

Tú No Eres Especial

Nuestras vidas hoy están llenas de la información de los extremos de la experiencia humana, porque en el negocio de los medios eso logra que abras los ojos con sorpresa y atrae los dólares. Esa es la verdad última; sin embargo, las vasta mayoría de la vida reside en el monótono medio. La vasta mayoría de la vida no es extraordinaria, de hecho, es bastante normalita.
Dicha inundación de lo excepcional propicia que la gente se sienta peor sobre sí misma; sentir que necesitan ser más extermos, más radicales y tener mñas seguridad para ser reconocidos o incluso tener valía.

El billete hacia la salud emocional – y también hacia la salud física – se consigue en comer verduras, es decir, al aceptar las aburridas y mundanas verdades de la vida; verdades como “Tus acciones en realidad no importan tanto en el gran esquema de las cosas” y “Gran parte de tu vida será aburrida y no notable, y está bien”.
Este plato vegetariano te sabrá mal al principio. Muy mal. Y evitarás aceptarlo. Pero una vez ingerido, tu cuerpo despertará más potente y más lleno de vida. Despues de todo, la presión constante de ser algo fantástico, de ser la revelación del año, dejará de ser una carga. El estrés y la ansiedad de siempre sentirte inadecuado y de necesitar ponerte a prueba de manera constante, se disiparán. El conocimiento y la aceptación de tu propia existencia mundana, de hecho, te liberarán, para que logres lo que siempre soñaste conseguir, sin juicios ni expectativas inalcanzables. Comenzarás a desarrollar una apreciación por las experiencias básicas de la vida: los placeres de una amistad sencilla, crear algo, ayudar a alguien que lo necesite, leer un buen libro, reírte con alguien que te importa. Suena aburrido, ¿no? Es porque estas cosas son ordinarias. Pero quizá son ordinarias por una razón: porque son lo que verdaderamente importa.

El Valor del Sufrimiento

Estos dos hombres escogieron cómo querían sufrir. Hiroo Onoda eligió sufrir por lealtad a un imperio muerto. Suzuki decidió sufrir por la aventura, independientemente de lo desaconsejable de sus actos. Para ambos, su sufrimiento significó algo: cumplía una causa mayor. Justamente porque significaba algo, fueron capaces de soportarlo, o quizás, incluso de disfrutarlo.
Si el sufrimiento es inevitable, si nuestros problemas en la vida son ineludibles, entonces la pregunta que nos deberíamos plantear no es “cómo dejo de sufrir?” sino “¿por qué estoy sufriedo, con qué propósito?”.

Como Freud dijo una vez: “Algún día, en retrospectiva, los años de esfuerzo te parecerán los más hermosos”. Por ello, estos valores – el placer, el éxito material, siempre tener la razón, mantenerse positivo – son ideales mediocres para la vida de una persona. Algunos de los mejores momentos en nuestra vida no son placenteros, no son exitosos, no son reconocidos y no son positivos. La cuestión es encontrar buenos valores y parámetros como resultado, el placer y el éxito surgirán naturalmente; esto son efectos secundarios de los buenos valores. Solos, son bienestare efímeros.

Siempre Decides Algo

A veces, la única diferencia entre un problema doloroso o sentirte con poder es la percepción de que nosotros lo escogimos, que somos responsables de ello. Si tu situación actual te hace sentir miserable, sin duda se debe a que consideras que alguna parte de él está fuera de tu control, que existe un problema y que no tienes la habilidad para resolverlo, un problema que te lanzaron sin que tuvieras elección. Cuando sentimos que elegimos nuestros problemas, nos sentimos con poder. Cuando pensamos que los problemas nos cayeron en contra de nuestra voluntado, nos sentimos victimizados y miserables.

Somos responsables de las experiencias que, a veces, no son nuestra culpa. Esto es parte de la vida. Aquí hay una manera de considerar la diferencia entre los dos conceptos. “Culpa” es tiempo pasado. “Responsabilidad” es tiempo presente. La culpa resulta de las elecciones que se han hecho. La responsabilidad deriva de las elecciones que estamos haciendo en este momento, en cada segundo del día. Tú estás eligiendo aceptarlos o desecharlos.
Existe una diferencia entre culpar a alguien más por tu situación y que la persona en realidad sea responsable de tu situación. Nunca nadie es responsable de tu situación más que tú.

La gente se vuelve adicta a sentirse ofendida todo el tiempo porque les provee un momento efímero de bienestar; creerse con derecho a todo y con una moral superior sienta bien. “El sentirse atropellado es como esas otras cosas que te hacen sentir bien, pero con el tiempo te devoran de adentro hacia fuera. Y es incluso más insidioso que muchos vicios, porque ni siquiera somos conscientes de que es un placer”.

Te Equivocas Respecto a Todo (y Yo También)

Las creencias de este tipo – que “no soy tan atractivo, así que para qué lo intento..”- están diseñadas para proveernos un confort moderado hoy a costa de hipotecar una mayor felicidad y éxito más adelante. Son estrategias terribles a largo plazo y, sin embargo, nos aferramos a ellas porque asumimos que son correctas, porque consideramos que ya sabemos lo que sucederá. En otras palabras, asumimos que sabemos cómo termina la historia.
La certidumbre es el enemigo del crecimiento. Nada es seguro hasta que ha sucedido, e incluso en ese momento, aún es debatible. Por ello, para que ocurra cualquier tipo de crecimiento, es necesario aceptar las imperfecciones inevitables de nuestros valores.
En lugar de buscar certeza, deberíamos estar en búsqueda constante de la duda: dudar de nuestras propias creencias, dudar de nuestros propios sentimientos, dudar sobre lo que nos traerá el futuro, a menos que salgamos y lo construyamos nosotros mismos. En vez de esperar estar en lo cierto todo el tiempo, deberíamos buscar en qué estamos equivocados todo el tiempo. Porque lo estamos.
Estar equivocado abre la posibilidad de cambiar. Estar equivocado ofrece la posibilidad de crecimiento.

Para que cualquier cambio suceda en tu vida, tienes que estar equivocado respecto a algo.

El Fracaso es un Paso Hacia Adelante

Piensa en un niño pequeño que intenta aprender a caminar; el pequeño caerá y se lastimará cientos de veces, pero en ningún momento se detendrá a pensar: “Oh, supongo que caminar no es lo mío. No soy bueno en eso”.
Evitar el fracaso es algo que aprendemos más tarde en la vida. (…) Eso nos confina y nos sofoca. Solo podemos ser verdaderamente exitosos en algo en lo que estamos dispuestos a fallar. Si no estamos dispuestos a fracasar, entonces no estamos dispuestos a lograr el éxito.

Cuando cursaba bachillerato, mi maestro de matemáticas, el señor Packwood, decía: “Si estás atascado en un problema, no te sientes a pensar en él; comienza a trabajar en él. Incluso si no sabes lo que estás haciendo, el simple acto de trabajar en él al final propiciará que las buenas ideas surjan de tu mente”. No estés ahí sentado sin más. Haz algo. Las respuestas llegarán después.

Inspiración -> Motivación -> Acción -> Inspiración -> Motivación -> Acción -> Inspiración -> Motivación …

Si te falta la motivación para conseguir un cambio importante en tu vida, haz algo – de verás, lo que sea – y aprovecha la reacción a esa acción como una manera de empezar a motivarte. Yo lo llamo “El Principio de Haz Algo”.

La Importancia de Decir “no”

Después de años de emociones, la lección más grande que aprendí de mis aventuras fue la siguiente: la libertad absoluta, en sí misma, no significa nada.
La libertad te brinda la oportunidad de un significado mayor, pero en sí misma no hay nada necesariamente significativo sobre ella. En definitiva, la única forma de encontrar un significado y un sentido de importancia en la propia vida es a través del rechazo de alternativas, una reducción de libertad, comprometerse a un solo lugar, a una creencia o (¡gulp!) a una persona.
Esta toma de conciencia la adquirí lentamente durante mis años de viajero. Como con la mayoría de los excesos en la vida, tienes que ahogarte en ellos para darte cuenta de que no te hacen feliz.

Necesitamos rechazar algo; de otro modo, no mantememos ninguna postura hacia nada. Si nada es mejor o más deseable que otra cosa, entonces estamos vacíos y nuestra vida no tiene sentido. Nos quedamos sin valores y, en consecuencia, vivimos la vida sin ningún propósito.

Cuando la confianza se destruye, solo es posible reconstruirla si se dan los siguientes dos pasos:
1) si el destructor de la confianza admite los valores reales que causaron la acción y asume la falta
2) si el destructor de la confianza construye un historial sólido de mejoría en su comportamiento a largo plazo.
Sin el primer paso no debería haver un intento de reconciliación en primer lugar.

Si te presentan ventiocho opciones similares y eliges una, la paradoja de la elección señala que es probable que pases años rompiéndote la cabeza, dudando y volviendo a preguntarte si en realidad hiciste la elección correcta, si de verdad estás maximizando tu propia felicidad. Dicha ansiedad, ese deseo de certidumbre, perfección y éxito, te harán infeliz. Así que, ¿qué hacemos? Bueno, si te pareces a quien yo fui alguna vez, evitarás escoger del todo; buscarás mantener tus opciones abiertas lo más posible. Evitarás el compromiso.
Sin embargo, a pesar de que invertir emocional y profundamente en una persona, un lugar, un trabajo o una actividad podría negarnos la amplitud de experiencias que quisiéramos, el perseguir esa amplitud nos niega la oportunidad de experimentar las recompensas en cuanto a la profundidad de dicha experiencia. Hay algunas experiencias que solo puedes tener cuando has vivido en el mismo lugar durante cinco años, cuando has estado con la misma persona por más de una década o cuando has estado trabajando la misma habilidad o el mismo arte durante la mitad de tu existencia. El compromiso ofrece una riqueza de oportunidad y experiencias que de otra forma nunca hubieran sido accesibles para mí, sin importar a dónde fuera o qué hiciera.

En el compromiso hay una libertad y una liberación. El compromiso te brinda libertad porque ya no estás distraído por lo que no tiene importancia y ni por lo frívolo. El compromiso de da libertad porque perfecciona tu atención y tu perspectiva; las dirige hacia lo que te hace más sano y feliz de manera eficiente. El compromiso logra que tu toma de decisiones sea más fácil y elimina cualquier temor a estar perdiendo algo mejor; sabiendo que lo que ya tienes es suficientemente bueno ¿para qué desgastarías en perseguir más y más y más de nuevo? El compromiso te permite centrarte con atención a un puñado de metas sumamente importantes y lograr un mayor grado de éxito de lo que conseguiría de otro modo.
De esta forma, el rechazo de las alternativas nos libera: el rechazo de lo que nos alinea con nuestro valores más importantes, con los parámetros elegidos, el rechazo a esa búsqueda constante de amplitud carente de profundidad.

Es en la profundidad donde se esconde el oro, y tienes que mantenerte comprometido con algo y profundizar en ello para poder encontrarlo. Esto se aplica a las relaciones, la carrera, para construir un estilo de vida… para todo.